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Cuando evaluamos una intervención organizacional, es importante distinguir entre los indicadores de cumplimiento y los indicadores que permiten examinar sus resultados.
Que una capacitación se haya impartido, un procedimiento se haya actualizado o una actividad se haya completado confirma su ejecución, pero no necesariamente demuestra que las condiciones evaluadas hayan mejorado.
Para comprender los efectos de una intervención necesitamos establecer criterios de seguimiento, recuperar evidencia y contrastar los hallazgos con las condiciones que motivaron las acciones.
También debemos considerar que los cambios observados pueden estar relacionados con otros factores y no exclusivamente con la intervención realizada.
Evaluar no consiste solamente en comprobar que algo se hizo, sino en comprender qué ocurrió después y qué decisiones pueden justificarse a partir de esa información


